HOMILÍAS/HOMILIES

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Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo B Tomo 1

Lecturas: L1) 1 Samuel 3, 3-10. 19 L2) 1 Corintios 6, 13-15. 17-20 Ev) Juan 1, 35-42

En las lecturas de cada Misa celebrada durante las pasadas fiestas navideñas hemos estado contemplando el Nacimiento de Jesús y su vida antes de comenzar su ministerio público. El domingo anterior celebramos su Bautismo que fue realizado por San Juan Bautista. Hoy estamos aquí reunidos celebrando el Segundo Domingo del Tiempo Ordinario.

El Evangelio nos muestra a Jesús seleccionando y llamando a sus primeros discípulos. Nos dice el Evangelio que Juan estaba con dos de sus discípulos cuando vio a Jesús pasar y dijo de Él: "Éste es el cordero de Dios". Cuando oyeron esto los dos discípulos, se fueron detrás del Maestro. Al observar Jesús que le seguían, se volvió y les preguntó: "¿Qué buscáis?" Ellos le contestaron: “Rabí… ¿dónde vives?” Y Él les dijo, “Venid y lo veréis”. Y se quedaron con Él todo el día.

Andrés, uno de los primeros discípulos que siguieron al Maestro y que anteriormente había sido seguidor de Juan, después de conversar con Jesús y escuchar sus palabras, tomó la decisión de hablar con su hermano, Simón, y contarle la experiencia que había vivido. Y, después, lo llevó a Jesús, que al verlo, le dijo, "Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)."

Cuando Jesús escogía a un discípulo exigía de él una entrega total. Y eso mismo exige de nosotros. Cada ser humano recibe una llamada de Dios, una vocación. Pero aunque somos llamados a hacer diferentes cosas, a todos nos pide lo mismo: una entrega total. Todos tenemos diferentes vocaciones pero la obligación y la responsabilidad de todos es escuchar la llamada de Dios y seguirla fielmente, como lo hicieron los primeros discípulos.

La Segunda Lectura nos enseña que seguir a Cristo puede traernos dificultades. San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, señala algunas de las dificultades que podemos encontrar. Primeramente, habla de la inmoralidad sexual, algo muy común en nuestra sociedad. San Pablo advierte que el cuerpo humano no es para fornicar. Y que no debemos permitir que este terrible vicio se adueñe de nosotros. La ciudad de Corintio, en Grecia, era puerto de mar donde abundaba un clima de inmoralidad, corrupción y pecado. Muchos cristianos se dejaron coger por ese vicio de maldad. No podían distinguir entre lo bueno y lo malo.

Todo lo que dice San Pablo a los Corintios, a nosotros nos debe sonar familiar, porque hoy en día los pecados contra la inmoralidad son mucho más públicos que en aquellos tiempos. Y muchos, incluso católicos, han llegado a ver el pecado de la inmoralidad sexual como algo normal. Ya no lo consideran pecado. Recapacitemos seriamente. Prestemos atención a lo que dice San Pablo en la Segunda Lectura: “El que fornica, peca en su propio cuerpo. ¿Ó es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?”.

Todos los cristianos somos discípulos de Cristo. Él nos llama a seguirle sin titubeos y sin anteponer otras cosas, o sea, de verdad, con entereza. Nos pide que luchemos para vencer la inmoralidad que ha entrado en esta sociedad desvergonzadamente, ya que va apoderándose de muchos. Seamos cuidadosos para no caer en las tentaciones que diariamente vamos a encontrar en nuestro camino hacia Dios.

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