HOMILÍAS/HOMILIES

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Traducción en Inglés

 

La Solemnidad de la Santísima Trinidad

Ciclo B

 

Lecturas: 1) Deuteronomio 4, 32-34. 39-40   2) Romanos 8, 14-17   3) Mateo 28, 16-20

 

La Iglesia Católica conmemora este domingo, uno de los días más grandes del año litúrgico. Nosotros, como cristianos, lo estamos celebrando reunidos aquí en comunidad. Celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, un misterio difícil de comprender. Imposible, si no es por la fe. Este misterio es uno de los más importantes de nuestra fe cristiana. Esta celebración es, en esencia, la fiesta de Dios – Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

Por siglos la Iglesia lleva enseñando que tratar de descifrar este misterio de Tres Personas en un solo Dios no es aconsejable, especialmente si se pone demasiado ahínco en querer entenderlo completamente. Hay personas que tratando de descifrar este gran misterio, buscan en la Biblia, hacen preguntas, investigan y, al final, aburridos porque les es difícil entender este misterio, se alejan de la Iglesia Católica, con gran pérdida para ellos, ya que se encontraban en la única Iglesia que posee la plenitud de las verdades que Cristo reveló. No entienden que simplemente porque no han comprendido algo no quiere decir que no es verdad.

 

La persona que quiere comprender un poco más el misterio de la Santísima Trinidad, lo primero que debe hacer es pedir sabiduría al Espíritu Santo. Y con su ayuda podrá creer más firmemente en este gran misterio que es tan importante para la humanidad.

 

Los cristianos que participamos en la Santa Misa, observamos que desde el comienzo, cuando nos santiguamos diciendo, “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, hasta que el sacerdote nos da la bendición trinitaria final, constantemente se invoca a la Santísima Trinidad. Y de una manera más especial, en la Plegaria Eucarística. Estas oraciones que el sacerdote pronuncia antes y después de la consagración, que por cierto son preciosas y dignas de escucharlas con atención y recogimiento, son dirigidas a Dios Padre, por mediación de Jesucristo, en unidad con el Espíritu Santo. Y es en la Misa donde el cristiano logra vislumbrar, por la gracia del Espíritu Santo, el misterio de la Santísima Trinidad. Pidamos al Dios Trino que aumente nuestra fe porque sin ella será imposible creer en este misterio, ya que es un misterio de fe en el sentido estricto. Es uno de los misterios escondidos de Dios. Y el ser humano debe saber que nunca podrá profundizar completamente en el. Solamente le queda creer en el.

 

San Agustín, gran teólogo y doctor de la Iglesia, quiso saber más sobre este inefable misterio. El Señor dio a este gran santo, gran sabiduría. Pero después de mucho pensar y reflexionar, llegó a la conclusión que la mente humana no es capaz de comprender completamente la inmensidad de Dios. San Agustín dijo que para un cristiano no es difícil comprender que Dios existe pero si es muy difícil comprender que hay tres personas en un solo Dios. No podemos entender esa grandeza con nuestras mentes limitadas.

 

Hermanas y hermanos, la fe no es obra de la mente sino del corazón.  Y el misterio de la Santísima Trinidad no es cuestión de conocimiento sino de fe.  Jesucristo nos reveló la existencia del Dios Trino y Uno.  Oraba constantemente a Dios Padre y prometió enviar el Espíritu Santo a su Iglesia para santificarla con la gracia de Dios.  Antes de ascender al cielo, les dijo a sus Apóstoles que debían ir por el mundo evangelizando y bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  Cada cristiano es bautizado en el nombre de la Santísima Trinidad.  Y cuando ese cristiano termine su vida y deje esta tierra, si ha procurado durante su vida estar cerca de la Santísima Trinidad, encontrará en el cielo al Dios Trino y Uno y morará para siempre en su presencia.