Homilías/Homilies

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Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
Ciclo C
Lecturas:  0) Lucas 19, 28-40   1) Isaías 50, 4-7   2) Filipenses 2, 6-11   3) Lucas 22, 14-23, 56


El Evangelio que he leído antes de comenzar la procesión de entrada nos muestra a Jesús dirigiéndose a Betfagé y Betania.  Estos pueblos eran lindantes al Monte de los Olivos.  Eran los días anteriores a la Pascua y había mucha gente que había venido de los alrededores.  En aquellos tiempos era costumbre salir al encuentro de los grupos de peregrinos más importantes que iban hacia la Ciudad Santa.  Así que no debe extrañarnos que se juntara tanta gente al grupo de Jesús y sus discípulos, formando una procesión de entrada a la ciudad. 

Para el pueblo Judío, esta entrada a Jerusalén era muy importante.  Algunos que se juntaron y siguieron al Señor alfombraban la calzada.  Otros cortaban ramas, y agitándolas, gritaban, "¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!”  Esto molestó a algunos Fariseos.  Les desagradaba ver cómo la gente alababa y honraba al Señor.  Le dijeron a Jesús, “Maestro reprende a tus discípulos”.  Él replicó, "Si estos callan, gritarán las piedras”.  Claramente nos muestra este Evangelio que cuando el Señor quiere algo, nadie lo puede cambiar. 

Jesús hizo su entrada a la Ciudad de David como el Mesías.  Pero también fue el comienzo de la pasión que tendría que vivir.  El entusiasmo que mostraba la muchedumbre hacia Jesús pronto se desvaneció.  Celebraron y acogieron al Señor con vítores para, poco después, rechazarlo y salir hacia el monte llamado Calvario a celebrar su ejecución gritando “¡Crucifícalo!”

        Hemos entrado a la iglesia en procesión, llevando los ramos y cantando himnos en honor a Cristo.  Pero vamos a salir tristes después de haber escuchado en el Evangelio las palabras de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, Jesucristo.  Pasamos de la dulce alegría a la amarga tristeza.  Este es un contraste que invita a la meditación. 

Hoy, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, termina la temporada de Cuaresma y comienza la Semana Santa durante la cual conmemoramos el itinerario de la ignominiosa muerte en Cruz de Cristo.  El Señor nos pide que esta semana entrante, más que nunca, sigamos su ejemplo y aprendamos a llevar nuestras cruces sin rechazo, ya que de todos modos las tendremos que llevar.  Él tuvo triunfos y derrotas.  Y nosotros también los tenemos.  Aunque nuestra meta sea buscar el triunfo, queramos o no, en nuestras vidas lo que más abunda suele ser el dolor.  Los acontecimientos que conmemoraremos esta semana nos enseñan que después del dolor llegará la esperanza de la Pascua.

Hermanas y hermanos, la Semana Santa nos recuerda que ha llegado la hora de acompañar a Jesús, primeramente a Jerusalén y después al Calvario.  La limosna, el ayuno, la oración son los medios que debemos usar para penetrar más profundamente en la pasión y muerte del Redentor.  Aún estamos a tiempo para purificarnos, a través del Sacramento de la Reconciliación, preparándonos dignamente para celebrar con Cristo el Domingo de Pascua. 

 
Palm Sunday of the Lord’s Passion
Cycle C


Readings:  0) Luke 19: 28-40   1) Isaiah 50:4-7   2) Philippians 2:6-11   3) Luke 22:14-23:56

The Gospel Reading that you heard before we began the entry procession tells us that Jesus was on his way to Bethphage and Bethany.  These towns are close to the Mount of Olives.  It was during the days just prior to Passover and many people had come from the surrounding towns.  In those days it was customary for people to go out to meet the more important groups of pilgrims who were on their way to the Holy City.  So it should not seem strange for us to hear that so many people joined the group made up of Jesus and his disciples, forming a procession as they entered the city. 

For the Jewish people, this entry into Jerusalem was very important.  Some of those who joined and followed the Lord placed their cloaks on the road.  Others cut branches and, waving them, shouted, “Blessed is he who comes as a king in the name of the Lord!”  Some of the Pharisees did not like this.  They said to Jesus, “Master, correct your disciples.”  He answered them, “If these people were quite, the stones would shout out.”  This Gospel Reading clearly shows that when the Lord decides to do something, no one can change it.

Jesus entered David’s City as the Messiah.  But this was also the beginning of the passion that he would have to go through.  The enthusiasm that the crowd showed towards Jesus soon disappeared.  Those who celebrated and greeted Jesus with shouts of joy, a short time later would reject him and go out with him to the hill called Calvary to celebrate his execution as they shouted, “Crucify him!”

We came into the church in procession, carrying palm branches and singing hymns to honor Christ.  But we will leave in sadness after having heard, in the Gospel Reading, the words of the Passion and Death of Our Lord, Jesus Christ.  We go from sweet joy to bitter sadness.  We should meditate on these contrasting feelings.

Today, Palm Sunday in the Passion of the Lord, the Lenten Season ends and we begin Holy Week, during which we commemorate the horrible road to Christ’s death on the Cross.  The Lord asks us that during this week, more than ever; we should follow his example and learn to carry our crosses without shirking them, since we will surely have to carry them anyway.  He had his triumphs and his defeats.  And we will also have ours.  Even though the search for success is our goal, sorrow and pain seem to dominate our lives, whether we like it or not.  The events that we commemorate during this week show us that after the pain comes the hope of Easter.

My sisters and brothers, Holy Week reminds us that the hour has come to accompany Jesus, first to Jerusalem and then to Mount Calvary.  Almsgiving, fasting and prayer are ways that we can use to enter into the spirit of the passion and death of the Redeemer.  There is still time to purify our souls, through the Sacrament of Reconciliation, to prepare us to celebrate, with Christ, Easter Sunday. 


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