HOMILÍAS/HOMILIES

 

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Traducción en Inglés

Exequias

 

            En el capítulo 14 del evangelio según San Juan, Jesús les dice a los discípulos: “Para ir a donde voy, ustedes saben el camino.” Y Santo Tomás le dice a Jesús: “Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?" Y Jesús le responde: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí."

 

            Con estas palabras Tomas expresa su incertidumbre. Es el mismo reparo que sentimos a menudo todos los humanos al llegar la muerte. Nos preguntamos ¿Porqué tenemos que morir? ¿Cómo podemos hacer frente a esta tragedia? Es natural sentir dolor por la muerte de un ser querido. Sin embargo, como Cristianos, sentimos, a la vez, una esperanza firme de que la muerte es el comienzo de una separación más a menos larga. Reconocemos que tarde o temprano nosotros también sentiremos la llegada de la muerte. Sabemos que la vida humana es demasiado valiosa para que desaparezcamos sin dejar rastro. De esto estamos muy conscientes cuando se trata de la muerte de alguien a quien amamos. Nos acordamos de ellos a menudo y cada vez que lo hacemos perpetuamos su memoria entre nosotros. Siguen viviendo en nuestra memoria.

 

            Pero también hay otro aspecto de la muerte que debemos recordar. Nosotros, como cristianos, creemos que la muerte no es término sino tránsito: no es ruptura, sino transformación. Creemos además que, cuando llega la hora de la muerte, cuando nuestra existencia temporal Llega al limite extremo de sus posibilidades, en ese limite se encuentra no el vacío de la nada, sino las manos misericordiosas del Dios vivo, que nos acoge y convierte esa muerte en semilla de nuestra resurrección.

 

            La muerte es ciertamente la mayor crisis que podemos vivir. Lo sentimos mucho más porque reconocemos que algún día nosotros también tenemos que morir. La muerte nos arranca forzosamente todo nuestro ser y todo nuestro haber. Es además una crisis irremediable a la que no podemos responder. Nos quita la palabra: es muda y nos hace mudos. Solo nuestra fe en Dios puede responder a esa incertidumbre nuestra sobre la muerte. Nuestro Padre celestial siempre es nuestro mejor amigo y aliado. Por eso, en estos momentos tan tristes, no puede contemplar indiferente lo que le ha ocurrido a su hijo(a) N. A la hora de morir, Dios esta ahí con el(ella) para acogerlo(a) y dar su respuesta a la muerte que es la vida y la resurrección.

 

             En su Segunda Carta a su amigo Timoteo, San Pablo le dice a él y, a través de los siglos a nosotros también, que: "Estas palabras de esperanza son muy acertadas. Si hemos muerto con Cristo, con él también viviremos." Pablo no nos dice que no debemos sentir tristeza cuando un ser querido muere. Sin embargo nos advierte que nuestra tristeza no debe ser desesperada. En un plazo más o menos próximo, esta separación dolorosa terminará y nos reencontraremos.

 

            Como Cristo, el cristiano no muere para quedar muerto, sino para resucitar: no entrega su vida en balde, se la devuelve a su Creador. En la muerte los cristianos alcanzamos nuestra plenitud de ser y de sentido que es la vida verdadera, la vida eterna. Debemos recordar que no hay dos vidas, esta y la otra. Lo que se suele llamar "la otra vida" no lo es. En realidad es la continuación de la vida en toda su plenitud. La vida que comenzó con el bautismo en la fe y que ahora se consuma en la comunión inmediata con nuestro Padre.

 

            Hermanas y hermanos, estamos reunidos aquí para orar por nuestro(a) hermano(a) N. La separación que la muerte representa no significa que N. queda fuera del alcance de nuestro amor. Nuestro amor le llega en forma de oración, en la medida en que lo necesita. Es toda la Iglesia la que ahora se une a nosotros en la oración por su hijo(a) N. que en este momento critico comparece ante Dios. Pero no comparece en solitario. Nosotros estamos con N., la Iglesia entera esta con él(ella) y evoca para él(ella) las palabras consoladoras de Nuestro Señor: "No se turben: ustedes creen en Dios, crean también en mí... volveré y los llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes. Para ir a donde voy, ustedes saben el camino.”