HOMILÍAS/HOMILIES

 

Indice

 

Homilía 1

Traducción en Inglés

Matrimonio 1

 

Los cristianos creemos que el matrimonio fue creado por Dios para el bienestar de los seres humanos y la continuación de la humanidad.  Dentro del matrimonio Dios creó la institución perfecta de la familia.  En las familias cristianas los hijos nacen del amor mutuo entre los esposos y son  acogidos con alegría.  La misión de los padres es cuidar y formar a sus hijos como buenos cristianos.  De esta manera, las familias participan en la tarea que Dios nos ha encomendado.  Esta es la de evangelizar, difundir la palabra, diciendo que Dios nos ama y que su reino está entre nosotros.  Es importante que Dios sea la base de cada familia.  La familia cristiana que prescinde de Dios en el   matrimonio suele acabar mal.  Si la vida conyugal no se basa en el amor a Dios y en el amor mutuo, se puede trasformar en una vida egoísta.  San Pablo, en una de sus cartas a los Corintios,  les dice que el amor verdadero no debe ser egoísta.  Por el contrario, debe complacerse en el bienestar y felicidad de los otros.  Demostrará ser un buen cristiano el que no guardar rencor a su cónyuge ni a los hijos.  Cuando hay desacuerdos se deben aclarar los problemas lo antes posible y perdonar.

 

Vivimos en una sociedad materialista que nos trata de convencer que las desavenencias se olvidan con un regalo.  Sin embargo, está más que comprobado que no es así.  Los desacuerdos se deben solventar hablando sobre el tema y demostrando que el amor vence los obstáculos e incluso suaviza los caracteres diferentes.  Un matrimonio verdaderamente cristiano dará paz y confianza a los cónyuges y a los hijos.  Cada uno de los cónyuges deberá preocuparse más del otro que de uno mismo.  Y se apoyarán mutuamente el uno en el otro.  Las buenas maneras y la comprensión podrán dar alegría y paz dentro del matrimonio. 

 

La iglesia nos dice que Dios tendrá que estar presente en el matrimonio.  Y ambos cónyuges se esforzarán para que Dios presida el hogar.  La oración es muy importante en él.  Los esposos deberán ir juntos a la Misa del domingo.  Y cuando vengan los hijos deberán ir con ellos, dando ejemplo, con su constancia, de su amor a Dios.  Será también muy eficaz rezar en la casa con los hijos recordando el proverbio que dice: "familia que reza unida, permanece unida". 

 

Los hijos son el don más precioso que Dios da al matrimonio.  En los hijos, los padres hallan el reflejo de su amor.  Recuerden siempre que cada hijo es único, que aunque traen problemas, los hijos siempre son hijos, a pesar de todo. 

 

Es importante que los que van a formar una familia, como ustedes ahora, vean honestamente la misión de la familia.  Dios nos ha creado por amor y para el amor.  Precisamente en la familia debe perdurar el amor y el respeto mutuo.  La Biblia nos relata que en el Paraíso Dios creó el matrimonio como un sacramento natural.  Cuando vino Jesucristo al mundo elevó el matrimonio a la dignidad de sacramento divino.  Cristo lo convirtió en un sacramento sobrenatural, en un signo externo de la gracia de Dios que reciben los esposos al contraer el matrimonio sacramental.  Dios dará a cada uno de ustedes, si le siguen con fidelidad, la gracia necesaria para crecer y madurar en el amor, en la responsabilidad, y en la entrega total.  Podrán superar el cansancio, las tensiones, incluso las desilusiones que puede traer la convivencia diaria. 

 

Pero no tengan miedo.  Formen su familia en la gracia de Dios y déjense llevar por su amor.  La Iglesia estará siempre con ustedes.  Les ayudará con sus oraciones.  Que Dios les bendiga en este matrimonio y les concede la paz y el amor que todo ser humano merece, especialmente ustedes que van a formar su nuevo matrimonio en Dios.   

 

Homilía 2

Traducción en Inglés

Matrimonio 2 

 

Queridos N. y N., vienen ante el Altar del Señor a contraer el matrimonio. Así ha llamado la Iglesia desde el principio a la vida íntima de comunidad y amor conyugal en que un hombre y una mujer dejan a su padre y a su madre, a sus amigos y toda su vida anterior para “formar una sola carne”. (Mt 19,5)  La decisión libre y personal que han adoptado es la misma adoptada por muchas otras parejas a través de los siglos.  Es un compromiso de amor.  Ustedes se aman mutuamente y quieren seguir amándose el uno al otro para siempre.  Por esta razón desean entregarse el uno al otro plenamente y sin condiciones hasta que la muerte les separe.

 

Darse mutua y exclusivamente es la experiencia clave para comprender el misterio del amor que actúa de forma única en el matrimonio.  Desean dar todo lo que son y tienen incluyendo sus personas, sus cuerpos, sus almas, y sus corazones.  O sea, toda la vida, por toda la vida, con gratuidad y generosidad.  De su mutua donación probablemente surgirá el don de nuevas vidas, el don de los hijos.  Así es el amor conyugal auténtico cuando se manifiesta en la vida de los cristianos.  El amor conyugal cristiano es un amor dispuesto a dar todo a favor de los hijos, fruto de sus entrañas.  Ustedes se han decidido unirse en matrimonio para que este amor gratuito y fecundo abunde en su vida.  San Pablo nos dice en su Carta a los Corintios cual es el secreto de ese amor: “el amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”. (1 Cor 13, 4-8)

 

¿Es posible que existe amor como este?  El mundo en que vivimos nos dice que no.  Nos dice que en la vida matrimonial y familiar cada miembro de la familia tiene el derecho de aislarse de los otros, de tratar de superar a los otros, de ser el más importante.  Pero Dios nos dice que esto no es la manera que actúan los que dicen que son sus seguidores.  Dios es amor.  Dios es el amor creador y redentor.  Y Dios ha creado al ser humano, hombre y mujer, para participar en su plan de amor y de vida, de felicidad eterna y gloria.  Sin embargo, el mundo en que vivimos trata de separar el amor de la vida conyugal.  Trata de frustrar el matrimonio olvidándose que este es la creación de Dios mismo y no un invento de la raza humana.  Dios Padre mismo creyó el matrimonio en el Jardín de Edén como un sacramento natural.  Pero era el Señor Jesús quien lo santificó, naciendo en el seno de una familia.  El amor de Cristo Crucificado y Resucitado sostiene, reconforta, anima y eleva el amor matrimonial de los esposos cristianos.  Lo convierte en un sacramento sobrenatural, en un signo externo de la gracia de Dios que reciben los esposos al contraer el matrimonio sacramental.  Dios dará a cada uno de ustedes la gracia necesaria para crecer y madurar en el amor, para triunfar sobre cualquier tentación, para superar el cansancio, la debilidad y la desilusión que a veces acecha a los matrimonios cuando tratan de sintonizar sus vidas fielmente con el amor de Dios.

 

¡Pero no tengan miedo! Abren sus vidas a la gracia de Dios y déjense llevar por el amor que tiene para ustedes.  El plan de Dios sobre sus vidas se revelará poco a poco.  Les permitirá llenar sus vidas de un sentido definitivo -el de la fecundidad y de la felicidad- a través de su matrimonio.  ¡No tengan miedo!  No están solos.  Todos sus familiares y seres más queridos están a su lado dispuestos a darles ayuda y acompañarles en este camino que han emprendido. También estará con ustedes esta comunidad cristiana.  Les acompañaremos con nuestras oraciones.  La oración constituye el tesoro más valioso de la Iglesia de Cristo.  Que Dios les bendiga en este matrimonio y les concede la paz y el amor que merecen todos los matrimonios cristianos. 

 

Homilía 3

Traducción en Inglés

Matrimonio 3

 

Nosotros, como cristianos, creemos que el matrimonio fue creado por Dios para el bienestar de los seres humanos y la continuación de la humanidad y que dentro del matrimonio Dios dispuso la institución perfecta de la familia.  En la familia cristiana los hijos nacen del amor mutuo entre los esposos y son acogidos con alegría. La misión de los padres de familia es cuidar y formar a sus hijos como buenos cristianos. De esta forma todas las familias participan en la tarea que nos dejó a todos el Señor – la de evangelizar - o sea, la de difundir la buena noticia que Dios nos ama y que su reino está entre nosotros. Por eso es muy importante que Dios sea la base de todas las familias. La familia cristiana que prescinde de Dios en el  matrimonio suele acabar mal. Cuando el amor conyugal no se basa en el amor a Dios la vida conyugal puede ser trasformada en una vida egoísta.  Por eso, en una de sus cartas a los Corintios San Pablo les dice que el amor verdadero no puede ser egoísta, sino que debe complacerse en el bienestar y felicidad de los demás. Un buen cristiano no puede guardar rencor a su cónyuge ni a sus hijos. Los desacuerdos se deben perdonar lo antes posible.

 

La sociedad materialista en que vivimos muchas veces nos trata de convencer que es necesario mostrar nuestro amor con regalos de gran precio. Sin embargo, no es así. El amor sólo consiste en pensar en los demás. El matrimonio verdaderamente cristiano es el que da paz y confianza. Cada uno de los cónyuges se preocupa del otro y se apoya completamente en el otro. A veces una frase amable, junto con una sonrisa, da alegría a los que nos rodean. Y es que la felicidad matrimonial no consiste en tener mucho dinero sino en tener mucho respeto y mucho amor. El matrimonio cristiano es signo de amor y de unión de Jesucristo con nosotros, con su iglesia. La fidelidad de Cristo, confirmada con su muerte por nosotros en la Cruz, debe ser el modelo para el amor de los esposos que deben permanecer unidos "hasta que la muerte los separe".

 

La iglesia nos dice que Dios debe estar presente en todos los matrimonios. Y son los dos cónyuges los que hacen que Dios presida en su hogar.   Por eso es muy importante la oración en el matrimonio. Los esposos deben ir juntos a misa todos los días que sea posible. Deben rezar juntos algunas oraciones y también deben rezar con sus hijos. Un antiguo proverbio dice: "la familia que reza unida, permanece unida". 

 

Los hijos son un don de Dios y un fruto precioso del matrimonio.  Ustedes, con la gracia de Dios que van a recibir en este sacramento de Matrimonio, cooperarán con Él en la transmisión de la vida: tanto la vida natural, como la vida sobrenatural. En los hijos, los padres encuentran un reflejo de su amor y de la unidad de su unión matrimonial. Siempre deben recordar que cada niño es único y que los hijos siempre son hijos, pase lo que pase. 

 

Conviene que todos tengamos muy clara la misión de la familia, el designio de Dios para ella. Hemos sido creados  por amor y para el amor. El amor es el fundamento de la familia. La Biblia nos dice que en el Paraíso Dios Padre creó al matrimonio cómo un sacramento natural, al crear el hombre y la mujer. Luego su Hijo Jesucristo elevó el matrimonio a la dignidad de sacramento divino.  Por eso decimos que el matrimonio no sólo consiste en la ayuda mutua y el remedio a la soledad humana, sino del afecto sereno, la entrega mutua, la confianza sin reserva, y la fidelidad a quien se ama.

 

La gracia del Espíritu Santo viene a todos los que celebran el Matrimonio dentro de la Iglesia.  Hace posible que los esposos cumplan los fines del matrimonio: el amor y la ayuda mutua, la procreación y la educación de los hijos.  Esta gracia que van a recibir hoy y durante toda su vida matrimonial, les fortalecerá. Pero, como todas las familias, su familia necesita el apoyo de toda la comunidad para crear un clima de amor, de comprensión y de confianza. Esta comunidad parroquial les acoge cómo una nueva familia cristiana. Nos comprometemos a apoyarles si necesitan ayuda. Que el Señor derrame sobre ustedes su gracia y que sean siempre felices en su amor.

 


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